jueves, 24 de noviembre de 2011

Mapa de las ordenes mendicales

Roma, Italia:


-Agostiniani Scalzi
-Orden de Agustinos Recoletos
-Orden de los Carmelitas Descalzos
-Orden de Frailes Siervos de María
-Orden de los Frailes Menores
-Orden de los Frailes Menores Capuchinos
-Orden de los Frailes Menores Conventuales
-Orden de los Frailes Predicadores
-Orden de Nuestra Señora del Monte
-Orden de San Agustín
-Tercera Orden Regular de San Francisco de la Penitencia

Los Franciscanos:
No existe un lugar en el mundo donde no estén presentes los franciscanos de alguna de las tres Órdenes fundadas por San Francisco. Son tantos que no es posible contarlos, aunque entre todos, religiosos, religiosas y seglares, rondan los 700.000.
(www.franciscanos.org)



domingo, 20 de noviembre de 2011

Más Documentales

Mini Documental

Monasterio cisterciense de Villamayor de los Montes - Burgos



Documental que consta de 2 partes 

Profesión Solemne en la Abadía Cisterciense de Santa María y San Andrés

 Parte 1

parte 2 



Libros sobre el tema

"EL PATRIMONIO ARTÍSTICO DISPERSO Y DESAPARECIDO DEL MONASTERIO DE SAN JUAN DE LA PEÑA DURANTE LA PRIMERA MITAD DEL SIGLO XIX" libro sobre el legado artistico de este monasterio, San Juan de la Peña.
http://www.unizar.es/artigrama/pdf/20/3varia/8.pdf

"El Primer siglo del monasterio de albelda (Logroño)"
(Atención archivo solo descargable)
http://dialnet.unirioja.es/servlet/dcfichero_articulo?codigo=61094&orden=75753


"Releflexiones sobre el monasterio cisterciense se Santa María de Fitero"
Texto que habla sobre la fundación de cisterciense del monasterio de Fitero y se plantea la posibilidad de que no haya formado parte de una iglesia, sino que tales restos pudiesen ser parte de una dependencia relacionada con el molino de los monjes.
https://buleria.unileon.es/bitstream/handle/10612/1135/DeArte3_1.pdf?sequence=1

¿Qué es una Abadía?

Una Abadía es una institución religiosa o monasterio canónicamente (es decir bajo las normas y tradiciones impuestas por la institución a la que pertenece) erigido y autónomo, que cuenta con una comunidad de no menos doce  monjes o religiosos y bajo las ordenes de un Abad, o en el caso de monjas o religiosas, de una Abadesa. Un Abad originalmente era un titulo de honor y respeto concedido a los monjes o religiosos de avanzada edad o de eminente santidad. Pero con el tiempo su uso se hizo común en occidente, y se generalizó para designar al superior de los monasterios.


En las épocas más tempranas del monasticismo cristiano, los ascetas (son los practicantes de la corriente filosófica y religiosa, que tenía como objetivo buscar la purificación del alma a través de la negación de los placeres materiales) acostumbraban a vivir aisladamente, independientemente unos de otros, no lejos de alguna iglesia local, manteniéndose del trabajo de sus propias manos y repartiendo el sobrante una vez habían satisfecho sus frugales necesidades. El incremento del fervor religioso, ayudado por la persecución, los alejó cada vez más de la civilización hacia las soledades montañosas o desiertos solitarios. Los desiertos de Egipto se enjambraron con las "células" o chozas de estos anacoretas.Antonio el Grande, que se había retirado a la Tebaida egipcia durante la persecución por Maximiano, fue el más celebrado de ellos por sus austeridades, su santidad y su poder como exorcista. Su fama congregó alrededor de él una hueste de seguidores imitando su ascetismo en un intento de imitar su santidad. Cuanto más se retiraba a terrenos salvajes, más numerosos eran sus discípulos. Rehusaron separarse de él y construyeron sus células alrededor de su padre espiritual. Así surgió la primera comunidad monástica, consistiendo en anacoretas que vivían cada uno en su propia pequeña vivienda, unidos bajo un superior. Antonio, tal como menciona August Neander, "sin ningún designio consciente suyo se había convertido en el fundador de un nuevo modo de vivir en cenobitismo común". Gradualmente se fue introduciendo el orden en los grupos de cabaás. Fueron dispuestas en líneas, como las tiendas en un campamento, o las casas en una calle. De esta disposición en líneas vinieron a ser conocidas como Laurae, Laurai, "calles", o "avenidas".
El auténtico fundador de los monasterios cenobíticos (koinos: común, y bios: vida) en el sentido moderno fue Pacomio, un egipcio de comienzos del siglo IV. La primera comunidad por él establecida estaba en Tabennae, una isla del Nilo en el Alto Egipto. Fueron fundadas ocho más en la región a lo largo de su vida, llegándose a contar 3.000 monjes. En los cincuenta años siguientes a su muerte, sus sociedades podían integrar a 50.000 miembros. Estos cenobios parecían villas o poblados habitados por una comunidad religiosa que vivía del trabajo de sus manos, todos del mismo sexo.
Los edificios estaban separados. Eran pequeños y lo más humildes posible. Cada célula o choza, de acuerdo con Sozomeno, contenía tres monjes. Tomaban su comida principal en un refectorio común o comedor a las 3 p.m., permaneciendo hasta esa hora en ayunas. Comían en silencio, con capuchas caladas sobre sus caras de tal manera que no podían ver nada aparte de la mesa que tenían delante de ellos. Los monjes pasaban todo el tiempo que no estaban dedicados a los servicios religiosos o el estudio en el trabajo manual. Paladio, que visitó los monasterios egipcios, encontró entre los 300 miembros del cenobio de Panópolis, bajo la regla Pacomiana, 15 sastres, 7 herreros, 4 carpinteros, 12 conductores de camellos y 15 curtidores.
Cada comunidad tenía su propio administrador u oeconomus, el cual estaba bajo la supervisión de un administrador jefe instalado en el establecimiento principal. Todo el producto del trabajo manual de los monjes le era remitido y él lo fletaba a Alejandría. El dinero obtenido se destinaba a compras para aprovisionar los almacenes para el sostenimiento de las comunidades, y lo que sobraba se empleaba en caridad. Los superiores de varios cenobios se encontraban dos veces al año en el monasterio principal bajo la presidencia de un archimandrita (miandra: grupo de ovejas), y en el último encuentro daban informe de su administración durante el año. Los cenobios de Siria pertenecían a la institución pacomiana. Podemos aprender muchos detalles referentes a éstos en la vecindad de Antioquía a partir de los escritos de Crisóstomo. Los monjes vivían en cabañas separadas llamadas kalbbia, formando una aldea en la ladera de la montaña. Estaban sometidos a un abad y observaban una regla común (no tenían refectorio, pero comían la misma comida, de pan y agua simplemente, cuando el trabajo del día había sido concluido, reclinándose en hierba amontonada, a veces fuera de la cabaña). Cuatro veces al día se juntaban en oraciones y salmos.

sábado, 5 de noviembre de 2011

Documental "Monasterio Benedictino de Santo Domingos de Silos Burgos"

Documental sobre el monasterio benedictino ubicado en Santo Domingo de Silos Burgos, como se inicio y la vida en ese monasterio.




Parte 1


Parte 2


Parte 3


Parte 4


Parte 5

Los Benedictinos

Durante el transcurso de su historia, la Orden Benedictina ha sufrido numerosas reformas, debido a la eventual decadencia de la disciplina en el interior de los monasterios. La primera reforma importante fue la hecha por Odón de Cluny en el siglo X; esta reforma, llamada cluniacense (nombre proveniente de Cluny, lugar de Francia donde se fundó el primer monasterio de esta reforma, en el que Odón fue el segundo abad), llegó a tener un gran influjo, hasta el punto que durante gran parte de la Edad Media prácticamente todos los monasterios benedictinos estaban bajo el dominio de Cluny.
Los cluniacenses adquirieron gran poder económico y político, y los abades más importantes llegaron a formar parte de las cortes imperiales y papales. Varios pontífices romanos fueron benedictinos provenientes de los monasterios cluniacenses (Alejandro II, 1061-73; san Gregorio VII, 1073-85; beato Víctor III, 1086-87; beato Urbano II, 1088-99; Pascual II, 1099-1118; Gelasio II, 1118-19; y un largo etcétera).
Tanto poder adquirido llevó a la decadencia de la reforma cluniacense, que encontró una importante contraparte en la reforma cisterciense, palabra proveniente de Císter (Cîteaux en idioma francés), lugar de Francia donde se estableció el primer monasterio de esta reforma. San Roberto de Molesmes, san Esteban Harding y san Roberto de Chaise-Dieu fueron los fundadores de la Abadía de Císter en 1098. Buscaban apartarse del estilo cluniacense, que había caído en la indisciplina y el relajamiento de la vida monástica. El principal objetivo de los fundadores de Císter fue imponer la práctica estricta de la Regla de San Benito y el regreso a la vida contemplativa. El principal impulsor de esta reforma fue san Bernardo de Claraval (1090-1153), quien fue discípulo de los fundadores de Cîteaux, habiendo ingresado allí hacia el año de 1108. Se le encargó la fundación de la Abadía de Claraval (Clairvaux, en francés), de la que fue abad durante unos 38 años, hasta su muerte. Bernardo de Claraval se convirtió en el principal consejero de los papas, y varios de sus monjes llegaron igualmente a ocupar la Sede Pontificia. Bernardo predicó también la Segunda Cruzada. Al morir había fundado 68 monasterios de su orden.
La reforma cisterciense subsiste hasta hoy como orden benedictina independiente, dividida igualmente en dos ramas: la Orden del Císter (O. Cist.) y la Orden Cisterciense de la Estrecha Observancia (OCSO), también conocidos como Trapenses. Se les llama también "benedictinos blancos", debido al color de su hábito, en contraposición a los demás monjes de la Orden de San Benito, a quienes se llama "benedictinos negros".
Durante la Edad Media surgieron otras reformas importantes de la Orden Benedictina. La de san Romualdo (†1027), quien dio inicio a la reforma camaldulense. Esta reforma subsiste hasta hoy en dos ramas: la primera forma parte de Confederación Benedictina (benedictinos negros); la segunda es independiente, pero se rige igualmente por la Regla de San Benito. Otra reforma importante fue la emprendida por san Juan Gualberto (†1073), quien fundó los Benedictinos de Valle Umbrosa, por el lugar en Italia en que se construyó el primer monasterio de esta reforma; es igualmente hoy en día una congregación de la Confederación Benedictina. La reforma de san Silvestre (1177-1267), fundador de los Benedictinos de Montefano, que subsiste también hoy como congregación asociada a la Confederación Benedictina. La reforma de san Bernardo Tolomei (1272-1348), que dio origen a los Benedictinos de Monte Oliveto, hoy también parte integrante de la Confederación Benedictina.
Después de agitados períodos de la historia, como la Reforma en Alemania y los Países Bajos, la expulsión o ejecución de religiosos católicos por Enrique VIII en Inglaterra o, mucho después, del período revolucionario en Francia, así como también la decadencia de la disciplina en los monasterios, llevó a que se diezmara la población de monjes. Después de la Revolución francesa, fue Dom Prosper Guéranger quien hizo renacer la orden benedictina en Solesmes a partir de 1833, en Francia.

                                                                    (representación artistica de el papa San silvestre, sentado a la izquierda de la imagen)

Espiritualidad benedictina
La Misa es el momento culminante de la vida diaria del monje. Todo brota de ella y tiende hacia ella. Cuando en ella se proclama la Palabra de Dios, se vive en su máxima expresión la Lectio Divina, cuando en ella se comulga de un mismo pan, se vive en su máxima expresión la comunión en la vida de comunidad, cuando en ella se cantan y recitan las oraciones, en ello se concentra toda la vida de oración del monje, su oración privada y la oración litúrgica oficial de la Iglesia. San Benito, como nos lo cuenta San Gregorio, murió en el oratorio del monasterio de Montecassino, con las manos alzadas al cielo en oración, sostenido por los hermanos, y habiendo comulgado el Cuerpo y la Sangre de Cristo. Así, la conclusión eucarística de su vida, da a la vida monástica una fuerte impronta en este sentido. De hecho, fue en los monasterios del medioevo donde se comenzó a desarrollar el amor por la eucaristía diaria, ya que en la antigüedad sólo se celebraba la misa algunos días de la semana. Cada día al alba, después de haber ya rezado Vigilias y Laudes, la comunidad se reúne para celebrar juntos la Cena del Señor, su Sacrificio. Los monjes sacerdotes concelebran con el hebdomadario que es quien preside la oración en la semana. Los monjes no sacerdotes participan activamente ejerciendo diversos ministerios y comulgando con devoción. La celebración monástica tiene ciertas características particulares: es tranquila, pausada, silenciosa y enteramente cantada. Los Domingos, día del Señor, el centro de la jornada lo ocupa la celebración conventual de la Santa Misa, a la que asisten numerosos fieles.